lunes, 24 de octubre de 2011

¿REFORMA CONSTITUCIONAL?: ¡NO!



Cuando se observan los diarios nacionales en las crónicas políticas, se encuentra que la oposición esta enfrascada en la discusión de si o no a una reforma constitucional, y quien de todos los actores de este sector será socio de tal proceso. Para llevar adelante una enmienda al texto, es necesario poner en funcionamiento los mecanismo establecidos en la propia Constitución, los cuales no son tan fácil de sortear, por cuanto se exigen mayorías especiales en cada una de las Cámaras, y posteriormente deben elegirse constituyentes para llevar a cabo la misma.

Una reforma implica la alteración del “status quo” constitucional, es decir, cuando hablamos de modificar el texto, no debemos perder de vista que la eficacia de una Constitución está estrechamente ligada a su perdurabilidad y, principalmente, como esta logra adaptarse a la realidad social en su conjunto, es decir, en la faz económica, política y social de los individuos que la integran. La capacidad de nuestra Carta fundamental se encuentra entrelazada indefectiblemente a la adecuación de ella, con los objetivos y necesidades de la sociedad.

Por ello, creemos que hablar de una reforma constitucional es no entender la responsabilidad que significa tal proceso, y que la misma debe ser fruto del debate y de la búsqueda de consensos que conlleven un objetivo común: el de dotar a nuestra constitución de nuevas herramientas, de cumplir con  las nuevas exigencias, a la modernización y a ser el fiel reflejo de la comunidad. Una reforma no puede ser el resultado de las necesidades políticas de un sector o grupo de interés que pretende llevar adelante para complacer una coyuntura.

Las reformas llevadas a cabo en las Provincias y en el orden nacional en 1994, enmascararon la “reelección” con el ropaje de la incorporación de nuevos derechos, nuevas instituciones, y con poner un freno al hiperpresidencialismo. En la actualidad, el discurso sobre “parlamentarismo” es simplemente una excusa más, cuando en realidad lo que se persigue es maquillar la verdadera intensión de la reforma, la cual es simplemente la de buscar la “hegemonía y eternización en el poder.

Mejorar la democracia y las instituciones de la república, no se solucionan con recetas mágicas, el “presidencialismo” no es malo per se, los hombres hacen malas las instituciones; una reforma constitucional sin una verdadera discusión, con debates y con búsqueda de consensos es una construcción precaria destinada al fracaso.

Pareciera que cada gobierno constitucional, desde 1948 a la fecha, quiere dejar su impronta en la Constitución, de esta forma caminamos por la cornisa y vamos hacia una nueva frustración como sociedad, si hacemos una mirada introspectiva de nuestra historia nos daremos cuenta el mal que le han hecho las reformas de un solo color a nuestro país. Los problemas de los argentinos no se solucionan con una reforma constitucional, se solucionan con mayor democracia, con la profundización de los controles, con el buen funcionamiento de cada uno de los poderes y con la buena utilización de las herramientas que provee sabiamente la Constitución actual. Si existe madurez política, este tema de la reforma pasará al archivo, en caso contrario se estará hipotecando una vez más el futuro. 


lunes, 17 de octubre de 2011

El "pronunciamiento" de Urquiza


Recordando a Justo José de Urquiza quien nació el 18 de Octubre de 1801

Finalmente, el 1º de mayo de 1851 Urquiza se pronunció en franca rebeldía contra el dictador en la localidad entrerriana de Concepción del Uruguay, aceptando la renuncia que Rosas ofrecía del cargo de encargado de las relaciones exteriores de la Confederación con las siguientes palabras:

Declarando solemnemente a la faz de la Republica, de la América y del mundo que, en vista de la actual situación física en que se halla el Sr. Gobernador y capitán general de Buenos Aires, brigadier don Juan Manuel de Rosas, no le permite por más tiempo continuar al frente de los negocios públicos, dirigiendo las relaciones exteriores y los asuntos de Paz y Guerra de la Confederación Argentina: que con repetidas instancias había pedido a la legislatura de aquella provincia se le exonerase del mando supremo de ella, comunicando a los gobiernos confederados su invariable resolución de llevar a cabo la formal renuncia de los altos poderes delegados en su persona por todas y cada una de las provincias que integran la República; que reiterar al general Rosas las anteriores insinuaciones para que permaneciese en el lugar que ocupaba era faltar a la consideración debida a su salud y cooperar también a la ruina total de los intereses nacionales que él mismo confesaba no poder atender con la actividad que ellos demandan, que era tener una triste idea de la ilustrada, heroica y célebre Confederación Argentina el suponerla incapaz, sin el general Rosas a su cabeza, de sostener sus principios orgánicos, crear y fomentar instituciones tutelares, mejorando su actualidad y aproximando su porvenir glorioso, reservado en premio a las bien acreditadas virtudes de sus hijos: y, en vista de otras no menos grandes consideraciones, es la voluntad del pueblo entrerriano:
1º- Reasumir el ejercicio de las facultades inherentes a su territorial soberanía, delegadas en la persona del Exmo. Señor Gobernador y capitán general de Buenos Aires en virtud del tratado cuadrilátero de las provincias litorales, fecha 4 de enero de 1831;
2º- y que, una vez manifestada así la libre voluntad de la provincia de Entre Ríos, quedaba ésta en aptitud de entenderse directamente con los demás gobiernos del mundo, hasta tanto que, congregada la Asamblea nacional de las demás provincias hermanas, fuese definitivamente constituida la República (1).

Este histórico "pronunciamiento" fue completado con un decreto de Urquiza que suprimía el lema rosista "¡Mueran los Salvajes Unitarios!" y lo reemplazaba por el lema "¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los enemigos de la organización nacional!". Este cambio de lemas estaba justificado para Urquiza, quien desafiando el orden rosista decía que:

el lema "¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los Salvajes Unitarios!", (...) envuelve la prescripción sangrienta de todo un sistema inadecuado, si se quiere, y erróneo, (...). Que es tiempo ya de apagar el fuego de la discordia entre los hijos de una misma revolución, herederos de una misma gloria, y extender un denso velo sobre los pasados errores, para uniformar la opinión nacional contra la verdadera y única causa de todas las desgracias, atraso y ruina de los pueblos confederados del Río de la Plata (2).

A su vez, y como era de esperarse, el gobierno de Corrientes apoyó el pronunciamiento de Urquiza en mayo de 1851, aceptando la renuncia de Rosas al manejo de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina. Por los artículos 1º y 2º del "pronunciamiento" del gobernador correntino Benjamín Virasoro, éste admitía "la renuncia del Excmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de Buenos Aires, brigadier D. Juan Manuel de Rosas, de la dirección de las Relaciones Exteriores y asuntos de Paz y Guerra de la República" y declaraba enfáticamente: "Quedan sin valor ni efecto las facultades que se le confirieron en representación de esta Provincia: por consecuencia ella las reasume nuevamente como inherentes a los Estados que forman la Confederación Argentina" (3).

  1. Texto del pronunciamiento de Urquiza citado en V.D. Sierra, op.cit., p. 549.
  2. B. Bosch, op. cit., selección documental, pp. 76-77.
  3. "Pronunciamiento de Virasoro", en El Iris Argentino, Paraná, Nº 4, 10 de julio de 1851, citado en "La batalla de Caseros", Documentos para la historia integral argentina, 3, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1981, p. 25.