viernes, 26 de agosto de 2011

LAS DESVIRTUACION DE LAS INSTITUCIONES FUNDAMENTALES DEL SISTEMA DEMOCRATICO



El Art. 38 de la CN establece que los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático, el constituyente en 1994 hizo funcionar la política arquitectónica en contraposición a la agonal, por cuanto esa reforma busco una planificación a largo plazo.

      En la actualidad, mucho se habla de la desvirtuación y de la perdida de significado en la vida democrática de los partidos políticos, ya Raúl Alfonsín nos hablaba de esta cuestión, en su “democracia y consenso” nos planteaba que era casi indefectible enriquecer a los partidos e enriquecerles en el debate de ideas y proyecto, ya que caso contrario los mismos se transformarían en simples cáscaras vacías.

En la actualidad, los partidos caminan por la banquina, los ciudadanos hablan de “candidatos” y nada dicen sobre los partidos, los oficialismos llenan sus locales partidarios de empleados, y la oposición trata de enamorar a los románticos que buscan en sus locales partidarios recuerdos de otros mejores momentos.

Para esbozar una primera aproximación al tema referido en el título, siguiendo a Weber podemos decir que “la empresa política de los partidos es una empresa de grupos de interés”(1), en este orden de ideas Bidart Campos sostenía: “Es bueno que en la sociedad haya corporaciones. Pero no es bueno que haya corporativismo. Es bueno que haya partidos políticos. Pero no es bueno que haya clanes partidarios”(2), por lo tanto este caminar por la banquina, nos lleva a decir que los partidos no pueden en la actualidad expresar el interés común de la sociedad, y que en la mesa chica de los mismos, solo subsisten los intereses corporativos de los clanes partidarios.

Huelga decir que ese vacío, lleva a los mismos a no saber resolver la crisis en las que están imbuidos, la falta de renovación de sus cuadros dirigenciales, falta de vida interna, la resolución de forma judicial de sus conflictos, y la falta de un debate abierto de ideas y proyectos, hacen que en la actualidad, pasadas las recientes elecciones su falta de norte, lleven a desvirtuar cada turno electoral.

El reclamo del año 2001 es igual al del 2011: mayor apertura, participación, renovación y debate, aquí puede estar alguno de las razones por las cuales la sociedad mira hacia otro lado, nuestra democracia no es tan antigua como para pensar que la sociedad tiene apatía hacia los partidos. Veinticinco años de democracia, nos obligan a repensar el diseño de los partidos y como se pueden vivificar.

No podemos permitir que los partidos sean para unos pocos, como bien decía Weber cuando explicaba cómo eran las estructuras de los partidos en Inglaterra, de notables y aristócratas(3), estas instituciones fundamentales del sistema democrático deben producir un cambio a favor de la comunidad.

El profesor Midón observa que “Un lugar común es, desde hace tiempo, hablar de la crisis de la representación. Expresión ésa que en el mundo contemporáneo refiere al fenómeno político jurídico en virtud al cual quienes dicen representarnos no nos representan o nos representan poco”(4). De esta manera podemos aseverar que “Cuando un grupo de afiliados convierte al partido en un clan, y al pluralismo partidario en un corporativismo rígido, queda la sensación maligna de que se antepone el partidismo a la institucionalidad, la cofradía a la membrecía funcional de y en un órgano de poder. Si el descreimiento, la ausencia de credibilidad, y la falta de confianza en las dirigencias es, al día de hoy, un muy mal síntoma para la sociedad democrática”(5), y de estas palabras no podemos dejar de reseñar que el síntoma persiste y que las recientes elecciones profundizan la crisis de los partidos, y el compromiso debe ser de todos los actores sociales en recuperar a la política, y principalmente el resurgimiento de estas instituciones de la democracia.

Entendemos que los partidos políticos son instrumentos necesarios del estado constitucional de derecho, por medio de los cuales se deben formular las políticas públicas y establecer desde ellos una agenda de país, con reglas claras y madures política, la responsabilidad de las autoridades partidarias, de los afiliados deben vivificar a los mismos, y así generar condiciones claras para hacer cada vez mejor el funcionamiento del sistema republicano y federal establecido por nuestra carta fundamental.

(1) Conf. WEBER, Max, “Política y Ciencia”, Ed. Leviatán, Buenos Aires, 1987, p. 40.

(2) Conf. BIDART CAMPOS, Germán J., “El corporativismo de los clanes partidarios”, LL 2003-D, 1456.
 (3) Ver WEBER, op. cit., p. 49.
(4) Conf. MIDON, Mario, “Los débitos de un Congreso ausente”, 19/10/2005, www.laleyonline.com.ar, 07/11/2005.
(5) Conf. BIDART CAMPOS, Germán J., op. cit.


sábado, 20 de agosto de 2011

Octubre puede ser un nuevo “paso” en falso de la oposición


         Luego del naufragio en el orden federal de la Ley 26.571 (PASO), la mayoría de los integrantes de la oposición buscaron cobijarse en el discurso legislativo para las generales de Octubre, cuando en realidad estamos frente a una elección presidencial, como bien dijimos en alguna nota anterior, muchos estaban preocupados por buscar una forma de sortear la Constitución y sumarle una nueva vuelta al sistema creado por nuestra Carta Fundamental, cuestión que ahora frente a los datos de las “PASO” se ha transformado casi en una quimera eso de la “Candidatura única” y el “voto útil” donde el ciudadano encausaría por si mismo el voto al opositor más votado y de esa forma estaríamos frente a una segunda vuelta, que a nuestro entender sería una tercera.

            Desde los partidos políticos o alianzas electorales transitorias en estos momentos, se traza un nuevo camino en la “ingeniería electoral”, buscando instalar el discurso del "peligro institucional", si el oficialismo obtiene una sobrada mayoría parlamentaria, es por ello que ahora todas sus fuerzas apuntaran a ganar bancas tanto en diputados como en el senado para contrarrestar el poder del oficialismo.

            Los “frenos y contrapesos” muy desarrollada por la doctrina norteamericana (El Federalista) y tomada por nuestros constituyentes en 1853/60 tiene un solo sentido, no darle todo el poder a uno solo, sino que la idea central es generar mecanismos que permitan que un poder se controle con el otro, y así también que existan controles intraorganos de cada uno, como los frenos y contrapesos existentes entre las cámaras congresionales.

            En la realidad, el pasado 14 de agosto, mediante el voto en las PASO la sociedad le dio un triunfo abrumador al oficialismo, en todos los órdenes, llegando algunos intendentes en la provincia de Buenos Aires, a trepar al 70% de votos positivos, obviamente que la verdadera elección es en Octubre, pero esta elección, la cual algunos candidatos opositores la denominaron la “gran encuesta”, han desvirtuado su finalidad y ahora ante la imposibilidad de no poder minizar sus efectos, buscan transformar una elección presidencial en legislativa.

            Entendemos que debe existir una reconciliación entre los partidos y la sociedad; el ciudadano, de ARRIBA, del MEDIO y de ABAJO (Orwell) se expresa mediante el voto, y no podemos cargar culpas sobre cuestiones de comunicación y propaganda, entre otras causales, sino que en realidad, estas instituciones fundamentales del sistema democrático (Art. 38 CN) desde la crisis del 2001 no pudieron, no supieron y no quieren renovar y cambiar sus cuadros dirigenciales, y buscan mediante mecanismos e ingeniería electoral hacer “magia”; este es el momento de replantear con madurez y responsabilidad política que hasta hoy no se supero la crisis de representación del 2001.

            La oposición tuvo una gran oportunidad, cuando el 28 de junio de 2009 se alzo con casi el 70% del voto de la ciudadanía, rencillas publicas, nombres propios, mezquindades y la lucha por protagonismo, no permitió generar en el electorado la seguridad que necesita para depositar su confianza, creemos que Octubre va a ser un nuevo “paso” en falso, por ello, luego de la elección es el momento para pensar y reconstruir esos lazos o tejidos comunicantes entre los partidos y sociedad.